Ese era el hogar, y lugar de trabajo, de Zoedia y Alane, dos jóvenes mercenarias, que ostentaban un alto cargo en el gremio. Ambas muy distintas, pero muy unidas en la batalla, apenas se conocian más de lo que necesitaban. Sin embargo, días después de la tragedia de Ainle, ocurrió algo que llevó a un cambio en la vida de ambas.
Ellis, un joven cadete de la Armada Real, al servicio de Gwynn, murió en Ainle. Zoedia no estuvo presente durante la búsqueda, y no pudo ayudar a Alane, que quedó sola en medio de ese infierno. Sin embargo, ahí Sielevh, una extraña conocida de Alane, la ayudó a escapar.
Prácticamente en los días continuos a ese, Zoedia habló con Alane para darle una noticia importante. Dejaba la Espada Carmesí, para convertirse en soldado de la Armada Real, y por tanto, Alane sería la única con su puesto, y pasaría a tener a su mando a Miru. Ese día, Alane y Zoedia por fin se conocieron más, y pasaron a ser más amigas que compañeras de armas, después de años luchando codo con codo.
En los días siguientes, a Alane le encomendaron la misión de recuperar cualquiera de las muchas notas en Ainle... las notas de la investigación de Ellis. Zoedia dejó claro que no podía leer las notas, siendo completamente confidenciales e importantes para la Armada Real.
En la segunda incursión que hizo Alane para recuperar las notas, iba a ir sola, ya que llevar a los reclutas supo que era demasiado arriesgado, pero sin embargo Sielevh quiso acompañarla, y le sugerió llevar a Sieg, un joven guerrero que estaba en el puerto de Colhen. Entraron en Ainle, y cuando llegaron al refugio de Ellis, encontraron parte de su diario. Sin embargo, durante el viaje de vuelta, encontraron algo más, algo completamente inesperado...
La magia obtenida a partir de los ancestros, tal y como se conseguía poder en la Armada Real, para luchar contra los Fomors, parecía que provocaba que... al forzar las fuerzas naturales de los ancestros, provocaba mayor aparición de Fomors a largo plazo. Esto implicaba que todo lo que hacían en la Armada Real, provocaba que fuera infinita esta guerra. Tan solo los conseguía desgastar más.
Por todo esto, decidieron a su pesar, abandonar todo en busca de respuestas, y decidieron ir a los bosques, en busca de los cazadores de espiritus. Se decía, que ellos encontraban su poder de otra forma...
Sin embargo, Alane se negó a irse sin antes despedirse de Zoedia. Por eso, cuando volvieron, fue a hablar con ella. Alane sabía que lo mejor era no decirle nada de eso, y sin embargo, tenía que irse... Por lo que, ante la insistencia de Zoedia de saber el por qué de su ida, mencionó a los Fomors, y que todos correrían peligro si no se marchaba. Zoedia llamó entonces a Miru, y le intentó preguntar que ocurrió cuando buscaron las notas, pero, al no saber nada, y ver a Sieg y Sielevh salir de la posada, decidió adelantarse e ir al puerto antes que Alane, dispuesta a impedir su marcha, creyendo sobre todo que ellos la obligaban.
Sin embargo, cuando llegó Alane con Miru, y vieron que Zoedia estaba amenazando a Sieg, se dió prisa, y le ordenó a Miru quedarse atrás, mencionando a Sielevh que la parara si intentaba avanzar. Alane y Zoedia hablaron, pero llegado a un punto, Zoedia se vió obligada a intentar pararla luchando. Ninguna de las dos quería eso, pero no quedó otra opción.
Sin embargo, Alane y Sieg derrotaron a Zoedia, y Alane se aseguró de darle el último golpe, dejándola viva, pero derrotada. Cuando empezó la batalla, Miru también intento atacar a Sielevh, pero ella la dejó completamente congelada con una lanza de hielo. Así, los tres pasaron a ser exiliados de Colhen, y Alane lloró mientras abandonaban el puerto.
Zoedia sabía perfectamente que Alane había descubierto algo, aunque no sabía qué. En los días siguientes, abandonó la Armada Real, empezando a trabajar por su propia cuenta y riesgo. Sin embargo, antes, pudo ver uno de los “rituales” que realizaban con los ancestros para adquirir poder.
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